• Victoria Arias

MI DIARIO, La pérdida


La primera vez que sufrí una pérdida, aun no abría ni siquiera mis ojitos al mundo, fue justo antes de nacer, ya estaba escrito desde antes de nacer que perdería a mi padre, que moriría y tan solo lo vería una vez en mi vida y se iría para siempre. Sin saber quién era yo, qué me dolía o qué necesitaba, simplemente tuvo miedo de conocer lo que Dios le regaló y se alejó tan lejos que nunca pude verle, hasta que me enteré de su partida. Cuántas veces no perdemos lo que más anhelamos en esta corta vida?.

No tenía ningún plan para este segundo día de mi diario, solamente vino a mi, después de pasar una noche y parte de un día de perros como dicen, aun siendo una persona que confía plenamente en la absoluta buena voluntad Suya, me cuesta no sentir los aplastantes episodios de fragilidad humana, creo que a todos nos pasa, pero si soy sincera cuando vienen estas oleadas a mis días son tan abrumadoras que ni yo misma me puedo sostener, creo firmemente que hay una mano poderosa que me sostiene ante la adversidad, yo solita estaría perdida. Mejor dicho, yo misma me perdería de mi misma.

Este tema de las pérdidas, es tan doloroso pero tan terapéutico, pues a casi nadie le gusta hablar de esto, prefieren hacerse los valientes y obviar el asunto o peor vivir condenado de por vida bajo los escombros de una, y no pedir ayuda pero tampoco ayudarse así mismo a salir de allí, solo porque empiezan a sentirse cómodos en medio de la conmiseración y la lástima propia.

Muchos que a veces me arriesgo a aconsejar, pensarán que no puedo entenderlos cuando me abren su corazón, pero en realidad creo que hay pocas cosas que no he vivido, solo que muchas de ellas, no las sabe nadie. Hasta no encontrar el consejero que se arriesgue a oírme y darme una palabra sabia, de esas que te dejan calladito, pensativo, pero a pesar de que pegan con fuerza, no duelen sino que libertan, y luego abrazan dulcemente, sin querer salir corriendo; ese es el consejo que anhelo.

Estando en medio de una fuerte migraña, porque sí, yo también me estreso, a veces con las respuestas de muchos me parecen que piensan que soy de hierro o tan insensible que todo lo puedo resolver, pero no es así, de hecho hay momentos donde me desmorono de tal manera, soy tan frágil como me veo, que ni yo misma se cómo recoger mis propios pedazos, y con los que me he desahogado en estos últimos meses, solo los he visto huir vertiginosamente, porque no se imaginaban que pudiera tener tantas cosas dentro y hasta les costará tratar de armarme de nuevo, sé que no lo hacen por cobardes, y sé que muchos como me dijeron hace unos días atrás, piensan que les cerré la puerta, solo porque dejé de sonreír y me quebré tratando de llegar a abrirles, y en verdad el viento estaba tan fuerte que la cerró entre ellos y yo, incluso me dijeron que debía ser más "flexible" invitándome a los grises, pero confieso que el camino que recorro, no dice por ninguna parte, ni hay letreros de "DESVÍO", tal vez es más suave caminar así, tal vez es más ancha a puerta y más amplio el camino; prefiero no arriesgarme y perderlo todo; pero incluso antes de entrar en este camino, lo radical ya venía entre mis venas circulando para darme el oxígeno; pero si recuerdo desde pequeñita cuando jugaba a solas, solo quería estar acompañada, la soledad no es mi amiga y aun así he tenido que compartir con esta indeseable presencia muchos episodios difíciles de mi corta existencia. A la verdad en esos momentos duros no quiero que me digan “Tu puedes, levántate!”, quiero que me digan: “Tranquila, yo te levanto”… así suene a utopía, esa es mi esperanza.

Tengo que pedir perdón de constante por los que sienten que les cerré la puerta, porque a muchos los perdí también… y dolió tanto como una muerte prematura. Solamente se enteran que no fue así cuando la vida los trae de nuevo al azar a mi o por propósito divino y se enteran que mis brazos siempre fueron refugio, que nacieron para abrazar y que mi deseo nunca fue perderles, solo tomaron distancia, unas veces porque estaban ocupados ayudándome a levantarme a mí misma y otras veces porque estaban como clavados en la cruz de la impotencia; mis dedos para escribir, mis manos para sanar y mis brazos para abrazar, desde que nací, creo que para eso fui creada.

La pérdida es tan punzante que aún siendo pequeña e insignificante puede llegar a matar a alguien, he visto cómo perder el autobús, perder el año escolar, perder el celular(espero que en una generación futura no se burlen cuando esto les parezca ridículo) perder un dinero de la cartera, perderse un evento, perder la visita de alguien muy esperado, perder un negocio que podría traer alivio, perder tu casa y tu hogar, perder el trabajo, perder un matrimonio, perder un amigo, perder un padre o madre, perder la memoria, perder la vista lentamente o de un tajo, y la peor pérdida de todas…perder un hijo.

Creo que muchos hemos experimentado estas pérdidas, y sólo nos queda buscar ayuda cuando pasen haciendo estragos, yo por mi parte se lo que cada una significa y en algunas por partida doble y triple, a veces pienso cómo siendo tan joven ya he vivido tanto y muchos ni cuentan se han dado, o se hacen los locos por pena a preguntarme o terror de pensar qué bomba les voy a soltar; pero he aprendido a los golpes que cuando sufrimos una pérdida solo se nos hace espacio por dentro que debe ser llenado, que a veces o siempre las pérdidas nos engendran nuevos sueños y esperanza una y otra vez, las pérdidas nos ayudan a entender que no somos invencibles, que algo mucho más grande está por dentro y que cada pérdida nos ayuda a pasar a otro lado, a subir otro escalón, que debemos no solo aceptarlas sino masticarlas bien y preferiblemente no a solas, sino bien acompañado.

Yo por mi parte aún espero esa grata compañía, pero que reconozco que algún día posiblemente también la pierda pero pretendo disfrutarla como cada encuentro que tengo, cada trabajo que logro, cada sueño que cumplo y prometo tratar de abrazarla tanto que cuando me vaya o se vaya para siempre solo recordemos ese abrazo que nos alcance hasta la eternidad, prometo que le contaré las pérdidas que nadie sabe y sé que me ayudará a superarlas juntos. Si alguien lo ve antes que yo, dele mi dirección por favor, que no me chatee, que me llegue de sorpresa, que ya me arreglé y preparé la cena romántica con la que sueña, hay velas y todo está perfumado, dígale que en mi casa, el amor se escondió un día y nunca más volvió a salir de allí, que nunca se perdió sólo se refugió en mis brazos. Que aquí vive el amor que tanto ha buscado y que por estar lamentando pérdidas que realmente no le pertenecen, que se lo puede estar perdiendo.

'Así que, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer. A ustedes no les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean sometidos a una prueba más allá de lo que puedan resistir, sino que junto con la prueba les dará la salida, para que puedan sobrellevarla.

1 Corintios 10:12-13

Por Victoria Arias

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