• Victoria Arias

MI DIARIO, Él y yo


Mi diario . El y yo, una historia de la vida, real.

De pequeña o adolescente recuerdo las peleas por esconder el diario personal y que nadie supiera los secretos allí guardados, hoy día creo que los secretos son mejores compartidos, recuerda que los nuevos comienzos traen nuevas historias, te invito a leer, mi diario...

Esta historia tiene que comenzar con una historia, hoy tarde en la noche, mientras mis ojos se cerraban casi, tuve un recuerdo, algo que me transportó en el tiempo, y fue la sensación inolvidable de apretar las teclas de aquella máquina de escribir negra, eran teclas, que sonaban lentamente mientras escribía, aún no recuerdo que escribí, pero se que tuve el placer de sentir la hendidura donde cabían perfecto mis dedos, y cada tecla era bellísima, con una sola fuente de letra, y sonido de la barra al cambiar de renglón, era tan grande aquella máquina, tan pesada, pero no me importaba pasar horas delante de ella fingiendo que escribía, alguna historia fantástica, algunas veces la cinta se enredaba, o perdía su color, pero también recuerdo cómo se sentía acomodarla.

Hoy día lamento no conocer el paradero de tan precioso regalo de la vida, pasó los primero años de mi vida al lado de mi madre, y el papá de mis hermanos que se convirtió en mi padre desde aquel tiempo, por poco tiempo, ya que después tan solo unos años después también lo perdí de vista, así que decidí no enamorarme mucho de los hombres mayores con cara de papás, pues siempre terminaban yéndose de mi lado.

Esta no es un historia triste, sólo es una historia para despejar la mente cualquiera que sea el problema que tengamos dándonos vueltas en la cabeza y quitándonos el sueño quizás. Esta historia empezó con esa máquina y la había perdido en los laberintos de mi memoria, quizás porque no era relevante hasta este momento.

Prometo que haré lo posible por encontrar otra joya de esas en algún lugar si se me permite, y se que la miraré por mucho tiempo antes de tocarla de nuevo; los músicos tienen cierta relación con sus instrumentos, casi que los acarician con más dulzura que a sus seres amados, he visto a muchos tocar la guitarra y hacerla llorar de placer, mientras resbalan con sus dedos por esas cuerdas que chillan dulcemente, y parecen gotas de lluvia en medio de un aguacero cuando puntean, parece desorden pero en realidad son cosquillas de armonía. He visto como los dedos de un pianista se deslizan suavemente, tocan cada tecla como queriendo que hable, como llamando su atención, como cuando un enamorado quiere sorprender a su enamorada mientras ella mira el horizonte en la playa y ella está absorta en el mar que tintinea, hasta que un ligero toque en el hombro la hace girar la cabeza y darse cuenta que lo que ve es lo único que anhela en la vida.

Así una bailarina roza el suelo con sus pies, cuando casi vuela,al compás de la música, y parece que las puntas ya no duelen porque son como pinceles dibujando el suelo, así ella se deleita en sus manos mientras las mira para mantener la línea de su equilibrio, su propia mano la dirige, hacia el aire, la eleva, una danza casi imposible se desata cuando ella baila, sus oídos ya no le pertenecen, más bien son como notas musicales que flotan por la habitación.

Un escritor solo toca la tecla de aquella máquina negra, y el sonido le va dictando la historia, es el compás que ningún músico entendería, es la armonía que ninguna bailarina podría danzar, ese sonido seco que marca el tiempo para cada letra y luego cada palabra como cuando un aguacero viene de a poco, empezando por ligeras gotas que van aumentando haciéndose gruesas y rápidas contando un cuento.

Así empezó un día la primera página y no paró más, sin embargo hubo lapsos largos entre palabras, aveces de años, y fue siendo transformada de una canción de cuna a una aventura de vida, de la vida real. Mi primera historia la conté mientras actuaba delante de mis hermanos, y tenía ese toque que hace llorar, ese personaje que es abandonado y queda triste y solo, al punto que esos niños intentaban bajarse de la cuna para darme un abrazo y rescatarme o mejor dicho rescatar al personaje de la obra. También escribí largos poemas que no rimaban sólo por rebeldía, donde dejé mi corazón en mil pedazos en una agenda y otra agenda, y con los pedazos decoré las páginas de aquellos muros de la lamentación.

Y como en una máquina del tiempo empecé a escribir historias fantásticas, pero basadas en mis experiencias, en mis personajes, todo era real pero con escenarios ficticios y sobrenaturales, por supuesto con protagonistas que hablaban lo que yo no podía expresar en mi vida real, de mi mente manaba tanta imaginación desde que tenía uso de memoria, historias fantásticas para tan solo llamar la atención, así que creía que podría ser más bella, o al menos que me tuvieran pesar, entre más truculenta la historia, o más inverosímiles los personajes con grandes ojos, largos cuellos, o patas peludas, o quizás hechos de un extraño líquido hermoso que brillaba como la luna, esto me hacía declarar cual era mi modelo de vida, entre más rara, más fácil de encontrar. Sin embargo nadie me vio….

Definitivamente nunca más volví a ver la hermosa reliquia, esa maquina negra, pero de la nada volvió esta noche a mi mente y supe qué historia teníamos juntas. Hoy día me acompaña lo que en unos años para mi hija también será una reliquia, una lap top sencilla que ha pasado un par de años conmigo y que inicio su vida a mi lado en medio de un gran sueño de ser empresaria exitosa, y que guarda tantos secretos que ni yo misma los conozco.

Entonces me pregunto, son mis dedos?, es la máquina? O es mi mente? Qué hace que sea tan mágico escribir?, que hace que empiece de un momento a otro y no pueda parar?, no se trata de grandes novelas, de 500 páginas, ni tampoco de libros llenos de palabras rebuscadas o historias inconclusas que abandonan al lector tan pronto cierra el libro. No, entonces descubrí que no era yo, si pudiera imprimir todo lo que escrito incluyendo mis 365notasdeamor, que al final son infinitas y no 365, creo que no habría un libro que retuviera tantos pensamientos. Por eso creo que esa inspiración, esa musa tiene un Nombre, que es sobretodo nombre, El es como la llama que enciende la cabeza del fósforo en medio de un apagón o crea ese humito que sube de la rama que ha frotado por horas el perdido, el náufrago que logró encontrar leña seca y el humo le devuelve la esperanza de que será calentado pronto y no morirá de frío, o de hambre pues hasta piensa que podrá cocinar algo que no ha cazado pero que esa pequeña chispa le despertó su corazón valiente de cazador. Si definitivamente es El. Y por eso no daré nombres en esta historia, pues su aparición en mi vida es más que suficiente.

Hoy mi diario empieza con una casa, un lugar lleno de arboles y ruido de grillos y pájaros que se cuelan en las ventanas, son una ventanas grandes y hay tragaluces por todos lados, en lo alto, en el techo y puedo ver las ramas de los árboles casi que me meterse cuando hace brisa, esta es una casa que soñé un día que no me acuerdo del sueño pero que cuando la vi supe que era mía y yo viviría aquí. No se aún por cuánto tiempo pero si se que cada día le descubro algo nuevo, es una casa pequeña, donde en mis años de cobardía jamás habría vivido, no por fea sino por ser casa en medio de la naturaleza, una casa que me trae recuerdos de esos como cuando compartía con la maquina negra de escribir mis conversaciones privada de niña sin amigas. Al tener árboles me siento transportada a ese tiempo en que corría y subía a los árboles de guayaba, y jugaba a las espinacas con una hierbas que crecen junto a los juncos de pasto, podía pasar horas allí hablando sola o con los árboles y los pájaros y no lo recordaba hasta que llegué a esta casa, cuando a veces me encuentro conversando con cada animal. Esta casa me recuerda a esa otra donde ya era un poco más grande, casi como mi hija, 10 años quizás y esta casa tenía un enorme árbol del que colgaba un columpio y olía a hierba recién cortada siempre, con una mesas de troncos de otro árbol que fue cortado afuera, y unas hermosas flores morada de una enredadera, que vine a ver de nuevo casi 30 años después. Esta casa me hace hablarle, el día que fue anunciada ese día fui la primera en visitarla y ya nunca más nos separamos…hasta hoy por supuesto, el día de mañana no lo conozco, pero aprendí un día que hoy es el día más importante de mi vida y por eso lo miro como el último, no por cliché sino porque El me enseñó a ser agradecida con cada día, a veces me siento como una mariposa, yo creo sinceramente que a ellas alguien les dijo que vivirían solo unos día y por eso siempre vuelan tan felices y brillan como si fuera su último día, cada día.

Esta casa es el escenario de mis sueños de los últimos años, no lo planeé solo llego a mi, antes de conocernos con la casa, se que me susurró al oído, viene custodiada desde los cimientos por un ejército de ángeles guerreros, ángeles sin nombre de esos que solo El envía a sus amados. Es como una caja de sorpresas, una casa llena de puertas que son invisibles y se van abriendo de a poco para darme una misericordia más cada día, no me quiero apresurar, o crear suposiciones, solo se que pude ser niña otra vez, después de haberme envejecido velozmente por el afán. Al ser niña aprendí a oír los ruidos raros y no tener miedo sino curiosidad, aprendía a oír el viento como canta entre los árboles dándome la certeza que es El con su presencia paseándose a mi lado.

Me quiero presentar como una niña rica, llena de juguetes nuevos, cartas de colores, muchos lápices, fotografías que capturaron momentos mágicos y canciones que llenan todo, por que se tratan de El, soy una niña que lo tiene todo, y que espera ansiosa otros niños para jugar, dispuesta a servirles comidita, tocar instrumentos y leerles mis historias o mejor Su historia. Soy una niña jugando a ser grande, por que en mi corazón hay sembrada eternidad,

El la puso allí y este juego puede durar para siempre, es posible que mientras hagamos lo que hacen los niños, lloremos algunas veces, nos duelan algunas cosas, algunos niños se queden y otros se vayan, a la verdad no quisiera pensar en eso, en lo malo, sino más bien en trabajar incansablemente recogiendo las hojas de la entrada que se cayeron de amarillas, en recoger piedras y juntarlas, en comer juiciosamente toda la comida que esté servida a la mesa, y subir a esos árboles hasta ser como ellos que dan fruto a su tiempo y su hoja no cae. Voy a tratar de contar una mejor historia esta vez, una con lágrimas pero de gozo y no de dolor y si me duele trataré de levantarme y buscar mi medicina, ser fuerte y valiente. En esta casa podemos pasar un buen rato juntos e irte contando historias otro día.

'Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. ' Eclesiastés 3:11

Por ahora, esta historia,

continuará...

Por Victoria Arias | Mi Diario, El y yo.

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