• Victoria Arias

LA HISTORIA MÁS CORTA Y PROFUNDA...


Cuando lloramos, lo hacemos por diversas razones, y el llanto así mismo varía, unas veces de rabia y las lágrimas se salen solas y la impotencia y el enojo ni siquiera permiten que salgan, otras veces, se llora por una pérdida donde llorar es lo único que podemos hacer pues ya la situación no tiene revés. En ocasiones lloramos desconsolados por el corazón roto, por una herida profunda que duele mientras se va abriendo dolorosamente entre más pensamos en ella, ocasionada por un abandono, rechazo, burla o abuso, de parte de alguien que amamos, es tan difícil entender que alguien a quién amas te desecha o señala duramente, sin contar que hay veces donde hay maltrato y el daño va más allá que las heridas a la mente o al corazón...

Nuestro llanto también es producido por el desespero, la angustia y el temor, sentimientos que casi siempre van juntos y crean un oscuro túnel sobre nuestras cabezas, esos momentos donde no vemos salida, donde el miedo se apodera de nosotros por que las cosas y aflicciones de este mundo te van aplastando lentamente y hasta vemos como una sonrisa se dibuja en la cara de nuestros enemigo. El llanto de la culpa es más bien punzante y vergonzoso, es un llanto a escondidas, que señala y perturba toda ilusión y toda posibilidad de perdón, cierra todas las puertas y te pone una etiqueta de prohibida la salida en la puerta de una cárcel construida por la mano que levanta el dedo acusador... la nuestra dirigida por quién solamente desea nuestra muerte: el enemigo.

Hay un llanto especial, lleno de muchos ingredientes que en el momento de hacerlo nos sentimos como vasijas rotas contra el suelo, dolor profundo y rendido...ese llanto es de quebrantamiento del espíritu, un lloro que no sabemos exactamente de dónde viene por que no tenemos control de el, nos inunda y nos convence de pecado, de que algo anda mal, de que podemos estar perdidos y no lo sabíamos, de enterarnos de la peor de las noticias que podemos recibir: estamos lastimando el corazón de Dios, ese mismo Dios que nos envía su Espíritu Santo a través del encuentro inevitable con su Hijo, que nos abraza a pesar de todo, que nos recibe a pesar de nuestro rechazo, que nos perdona a pesar de la enorme falta, que nos acerca a pesar del profundo y miedoso abismo que nos separa de El, un encuentro que ha venido pasando de a poco pero sólo cuando ya todo se extingue, cuando se pierde toda esperanza, cuando ya solo hay oscuridad y soledad, El aparece para consolar pero primero apretar, y ese apretón nos exprime con lágrimas de gozo pero al mismo tiempo nos limpia de toda impureza, de todo lo que nos lastima, de todo lo que nos ensucia y ese abrazo invisible nos purifica y allí sale entonces hasta la última gota y se va trasformando esa agua sucia en un agua limpia y pura que maná de adentro en forma de lágrimas de arrepentimiento.

Un día 3 hermanos que amaban a un hombre como su mejor amigo, tuvieron una calamidad, las dos hermanas buscaron a ese amigo cuando su hermano enfermó, esperaban la compañía, el abrazo y el consuelo de este amigo, y le fueron a buscar muy lejos, sin embargo este amigo, no fue al instante como siempre a socorrer a sus amigos, y hasta se tomó tiempo para llegar, la muerte arrebató la vida del hermano enfermo y las mujeres lloraron desconsoladas, pero también llenas de enojo y frustración, se sintieron defraudadas?, abandonadas?, desairadas...quizás. Aún así el amigo fiel, llegó lentamente después del funeral, cuando una de ellas le vió a lo lejos salió a recibirlo desconsolada, pero también quiso reclamar, renegó acerca de la confianza que ellos 3 habían tenido con él y cómo era posible su actuar?, además puso en duda todo lo que vió mientras caminó con este amigo especial, todas las obras que vieron sus ojos fueron olvidadas por su propio dolor, conocía las proezas que este amigo había demostrado con ella y sus hermanos, y abatida no podía comprender la tardanza, ya hasta había dejado de lado la esperanza de la promesa de un pacto inquebrantable de amistad que habían hecho mientras se sentaban a conversar juntos alrededor de la hoguera, se disiparon todas los momentos de reunión, las fiestas, y cenas compartidas, para estas hermanas en luto, estaba más muerto el amigo que el hermano que se hallaba en la tumba tras una enorme piedra...

Al llegar, este amigo fiel, se acerca a la escena oscura, donde todos están de luto, y pregunta dónde le pusieron?, y al ver cómo la desconfianza, la falta de espera, la falta de paciencia, les había hecho poner una enorme piedra sepultando la única esperanza...lo había enterrado...acaso debía ocurrir otra cosa?, qué más hubiesen hecho con un cadaver?, acaso lo que muere no debe ser enterrado, acaso no debías llegar "antes", no debiste llegar "a tiempo"?. Y entonces como si fuera una película todas las cámaras apuntan al rostro de este amigo que ha llegado al lugar donde su mejor amigo ha sido enterrado, donde ese ser amado yace inerte, donde las personas que ama le acusan y le señalan con juicios y reclamos...y todo el cielo parece caerse a pedazos, y una espada parte en dos su corazón y ocurre algo inesperado y profundamente triste : "Jesús lloró."

Cuántas veces ante una situación oscura, y aún sabiendo quién tiene el poder para sanar, levantar, restaurar, restituir y salvar, le recibimos en la escena como si de nada hubiese servido?. cuántas veces te sientes tan abatido pero olvidas por completo quién conoce verdaderamente cómo estás por dentro?, cuántas veces Jesús llora por tí?...quiero dejarte en esta nota un tiempo para meditar, qué cosas han pasado por tu mente y han sido sacadas de lo profundo de tu corazón que harían llorar al ser más tierno y maravilloso que ha pisado la tierra y que hoy a la diestra del Padre intercede para que seas digno de misericordia?, qué actos te han movido los pies, las manos y tu mente que le rompan su corazón. Acaso no te duele cuándo dudan de tí?, acaso qué sientes cuándo te acusan por no cumplir con los deseos de otro?. Hoy quiero regalarte un momento para que pienses cuál llanto pudo ser ese que hizo que este versículo de las escrituras fuera el más corto y lleno de sentido, profundo como un abismo, la historia más corta de la eternidad hasta la eternidad, un momento que no volverá a pasar solo por que un Padre lleno de amor no expondría dos veces a su amado hijo a un mismo dolor. Qué decisión aún no has tomado con respecto a este dolor que más que ajeno parece propio. Qué crees que dolió tanto que una lágrima o muchas o un torrente de clamor hizo que Jesús llorara?, fue la muerte de su amigo en realidad, cuando solo unos minutos después El mismo lo sacó de esa cueva más vivo que antes?, acaso qué fue lo que le exprimió tan fuerte y qué lágrimas fueron las que salieron de Él?...la biblia no dice más...solo dice: JESUS LLORÓ.

Hoy es el día para preguntarle, para que tu mismo, o tu misma le preguntes, a Él , si, directamente cuál es el motivo tuyo que le ha hecho experimentar la historia más triste y corta de su vida en este planeta.

Por Victoria Arias

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